miércoles, 19 de octubre de 2011

Recordando al Gallego Molineri

Hace poco lo mencionaron como el "fallecido ingeniero Juan Carlos Molineri" a propôsito de una crîtica que hizo por ese abuso de los colegios profesionales de repartir tîtulos excesivos entre sus asociados. Ahî leo que el Gallego decîa que  "si a los que no son doctores les llamamos doctor, entonces ¿cómo tenemos que llamar a los que tienen título, doctor al cuadrado?  Así pues al que tiene título de doctor ¿habrá que decirle "Doctor doctor"?"...solîa ser irônico, con un buen sentido del humor y observador...muy observador.
Lo conocî a poco de llegar a Tucumân, allâ por 1950. Su abuelo tenîa un negocio de venta de alpargatas y zapatillas (no eran Nike...) y el pendejo iba a visitar muy seguido a su abuelo. Toda mi familia vivîa entonces en un hotel frente a la Plaza Alberdi, en la misma cuadra del negocio de don Tabernero (creo que ese era su apellido), padre de la mamâ del Gallego Molineri.
La casualidad nos puso en el mismo colegio cuando llegô la hora del secundario y mi familia ademâs, se fue a vivir a 4 cuadras de su casa paterna. Juntos tambiên hicimos militancia estudiantil, en los tiempos en que comenzâbamos a perder esa calidad educativa estatal y laica que nos distinguîa de entre los otros pueblos de nuestra Amêrica, la del centro y la del sur. Nos distinguîa pero no nos separaba, eso fue importante. El Gallego Molineri fue un compañero estudiante ejemplar, en las buenas y en las malas. Su mano y su solidaridad estaban siempre disponibles, y dejô su huella en el Instituto Têcnico de la Universidad Nacional de Tucumân.
Fuimos muy amigos aunque no nos veîamos seguido. Compartîamos valores y visiones muy similares aunque los gustos y preferencias personales fuesen casi opuestos. Fuê un gran tipo, una muy buena persona, noble y franco. Fuimos amigos.
No me acuerdo durante cual dictadura puso el hombro para reclutar militantes y activistas para armar el primer equipo de solidaridad con el pueblo de Vietnam. Se involucrô, arriesgô opiniones frente a conocidos suyos de muchos años, que se sorprendîan de verlo en esa ruta, pero lo hizo -desde su convicciôn muy firme- solo para ponerle el hombro a ese amigo, embriôn avanzado de militante que vendrîa a ser yo. Pasada esa breve epopeya volviô a lo suyo con la misma naturalidad con la que lo vî levantar esa bandera que nos juntô casi de modo permanente por espacio de algunos meses.
Mientras estudiamos en el mismo colegio y vivîa cerca de su casa, solîa ir muy seguido solo para charlar. Su padre, un fogoso luchador sindical peronista, que la dictadura fusiladora de 1955 dejô cesante por resoluciôn del interventor de la Universidad, se habîa convertido casi en un oraculo para mî. Ese hombre, hijo de inmigrantes suizos, habîa tenido un respetable establecimiento metalûrgico con una buena dotaciôn de obreros, y entrô en contradicciôn entre sus intereses patronales y su conciencia clasista. Intentô convertir esa empresa en una cooperativa con iguales derechos para todos los que allî trabajaban, y la experiencia terminô en la quiebra del establecimiento...
Ingresô entonces como obrero a los talleres de la Universidad Nacional de Tucumân, donde llegô a ser delegado y dirigente sindical. Era peronista hasta la mêdula, pero no comîa vidrio...razonaba y era racionalmente crîtico con su propio partido. Era un militante honesto. De esos raros dirigentes sindicales que se empobrecen patrimonialmente mientras crecen moralmente. Eso me constaba ya que me daban acceso a su intimidad familiar, que incluîa una madre dulce y afectuosa para quien su esposo y sus 2 hijos eran su mundo. En ese crisol sôlido y radiante se forjô ese Gallego Molineri que conocî.
Luego fue el Ingeniero Juan Carlos Molineri, que una vez casado con su Nilda de la adolescencia, y por no frecuentar los mismos cîrulos, nos veîamos esporadicamente.
En un tiempo increîblemente breve yo -que continuaba tras la misma estrella- empecê a estar tiempo fuera de mi terruño, hasta que todos los terruños que me albergaron fueron uno solo, y la nostalgia se hizo permanente al pasar de uno a otro. De cada uno conservo paisajes, olores, ruidos, voces, caricias y furia. De cada uno aprendî lo compleja que es la vida, tambiên a no hablar de mi sufrimiento habiendo visto el de otros, que a pesar de ello me sonreîan...a darle valor a cada criatura viva porque en cada una de ellas estâ todo el universo y las estrellas...
Estando un tiempo en Buenos Aires me entero por los diarios que ese amigo de la infancia se habîa estrellado con un aviôn de Agua y Energia (empresa del Estado todavîa...) en la selva tucumana. Que injusto y ridîculo destino para un hombre al que no le conocî ni un gramo de maldad...deberîa habe algo que brille en el cielo que lleve su nombre.
¿Porquê esta evocaciôn hoy?...por asociaciôn de ideas viendo como otra vez el mundo de los humanos necesita el recambio de paradigmas, y quizâs hagan falta muchas mas personas de la calidad del Gallego...

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