jueves, 1 de septiembre de 2011

¿Matar una mariposa antes de llegar la primavera?

"el destino de tu nombre fue final
  la luna aquella ya no alumbra más,
la hembra cerró su vientre
y por la frente se desangrô,
dejô sus huellas hacia al norte,
buscô camino para allá morir
y como madre llorô también su mal"
(ANTIGAL, Ariel Petrocelli y Daniel Toro)


Hasta la fonêtica del nombre recrea el minuto de horror apocalîptico...Casilda...Candela.
Pero han caîdo muchas hojas del almanaque, es otra geografîa, otra historia, otras reglas...
Fue ese minuto fatal de estar en lînea cuando entrô la noticia y en un viaje sin tiempo ni espacio estuve allâ de nuevo...Amanda y la pequeña Casilda inermes donando su vida y su sangre...solo por probar que podîan...

Habîa otras reglas y las cumplî, no mandê cumplirlas...estas tragedias que me atravesaron eran mandatos personales... Casilda no volviô de su martirio incomprendido ni Amanda retomô sus responsabilidades...conocîa los riesgos. Casilda no.

Desde entonces en cuestiones de sangre y poder las palabras justicia o hasta venganza no tienen sentido. No reponen nada. Ni acâ ni entonces allâ. Eso sirviô para los rituales, para mezclar la sangre de una mariposa con la de sus verdugos...era el castigo establecido y asî fuê cumplido...habîa que respetar las leyes ancestrales de quienes nos hospedaron y hermanaron...

Aprendî a vivir con eso, si es que de veras se puede aprender. Pero los otros vieron que despues no cambiô nada en ese damero infernal...y hasta se tuvieron que ir antes, a sus casas, a sus tumbas, a esconderse en la selva...a escapar de la furia que habian desatado. Sembraron mas que vientos y ahora les llegaba la cosecha que no querîan levantar.

No pude contener lâgrimas ni ira por unos largos minutos...la nociôn de donde y cuando se hizo vaga y mi racionalidad tuvo que transpirar bastante para devolverme a esta realidad, la de hoy, la de ayer mismo...horas despuês estaba otra vez de duelo, me habîan matado otra hija...ya se me irâ pasando con los dîas, ya diferenciarê las cosas...

Constatarê que no hay acero a la mano y no existe ningûn ritual para mî hoy. Candela seguro que tampoco conocîa los riesgos. Alguien tendrâ que vivir con esa piedra atada a su conciencia...y yo tengo que asumir la ajenidad con este horror, hasta reducirlo a la del repudio que la sensibilidad admite sobre seres extraños o lejanos. Asî es la vida.

Traigo a Paul Eluard -que mejor para el momento- que describe "Para el destino de la siempreviva / La flor hecha como una muerta / La flor ruin de la perfecciôn"
Siempre he desconfiado de lo perfecto...claro que estas hijas no lo fueron...ni siquiera les dieron esa oportunidad.


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